-Cristina-su voz suena suave,como un susurro. Abro los ojos,no estaba dormida, Oía perfectamente su respiración e incluso pequeños sollozos. Giro mi cara para encontrarme con sus ojos.-Todo va a ir bien-aprieta mi mano. Asiento. Sé que no es así,sé que las cosas nunca van a ir bien,pero sentirle ahí,sentir su fuerza hace que me de igual lo que vaya a pasa.
-Gracias-parpadeo para que las lágrimas desaparezcan-por estar aqui.
-No me des las gracias tonta-ambos sonreímos con las lágrimas cayendo por nuestras mejillas y nos abrazamos. Notamos como la puerta se abre y nos separamos. Es el doctor.
-Buenas tardes señorita Pedroche-entra con una amplia sonrisa. Muchas veces me he preguntado como hacen los médicos para dar malas noticias y mantener su sonrisa intacta. Coloca un escáner en una pantalla con luz que hay en la pared derecha de la habitación.-A ver,vemos que las células afectadas se han reproducido-Dani parieta con más fuerza mi mano-pero más lentamente de lo que esperábamos.
-¿Y eso que quiere decir?-pregunto impaciente.
-Quiere decir que la enfermedad no la podemos erradicar,pero si ralentizar con el tratamiento.
-¿Y se supone que eso son buenas noticias?-apenas sale un hilo de voz de mi garganta.
-Yo no he dicho que sean buenas noticias-me mira desesperado.-Cristina,estamos haciendo todo lo posible pero.
-Pero no tengo cura-los ojos de Dani viajan del escáner a mi.
-¿Cuánto tiempo podríamos evitar que entre en el estado más grave?-el doctor mira a Dani.
-No lo sé,quizás cinco años,diez como mucho.-resoplo.
-Eh-las manos de Dani se atrincheran en mi cara-¿sabes la de cosas que podemos hacer en cicno años? Casarnos,formar una familia,tener un perro...-noto como las lágrimas inundan mis ojos-Tenemos tiempo para ser felices. Déjame hacerte feliz.
-Dani-aparto sus manos de mi cara y miro al doctor-¿Podría dejarnos solos?-éste asiente y sale de la habitación-Estoy cansada,estoy harta de luchar. No quiero casarme contigo,no quiero tener hijos contigo,no quiero que me veas morir-mi voz se quiebra-No puedo verte a mi lado mientras mi corazón deja de latir.
-No te das cuenta.
-Daniel,no,no voy a tomar ese estúpido tratamiento. Se acabó-todos sus músculos se tensan. Sus manos dejan de sujetar las mías.-Hiciste bien en irte.
-No me lo eches en cara,sabes perfectamente que.
-Que nada-le interrumpo- Vete,no quiero verte aqui-su mirada me quema-¡Vete!-mis lágrimas empiezan a caer por mis mejillas. Se gira sobre sus talones y pega un portazo al salir de la habitación,el mismo portazo...
Llego a casa agotada. Desde hace un mes se que tengo una enfermedad que solo la tienen diez personas más en el mundo. Sé que no voy a llegar a los cincuenta años. Sé que tengo miedo.
-¿Dani?-grito,pero no hay respuesta. Todas las luces están apagadas menos las de la habitación. Me dirijo allí y veo una maleta con toda su ropa sobre la cama. Me apoyo sobre el marco de la puerta mientras miro como mete su ropa apresudaramente en la maleta. -Da.dani ¿qué haces?-me mira y termina de guardar sus cosas en la maleta.
-Me voy-cierra las cremalleras y se dirige a la puerta.
-¿Cómo que te vas?-siento el corazón en mi garganta. Me sienta en el reposabrazos del sofá y se pone en cuclillas agarrándome las manos.
-Tú has decidido no tomar el tratamiento-asiento-y yo he decidido no verte morir.
Siento como si algo se rompiese en mi interior,como si pudiese oir los trozos caer sobre el suelo.
-Yo...yo creía que te quedarías conmigo,yo...-ya no siento latir mi corazón,tan solo siento un nuevo que me asfixia.
-Yo creía que tú también querrías quedarte conmigo,pero no lo haces,te empeñas en morir.
-Dani,el tratamiento es muy caro-deja caer sus manos y resopla mientras niega con la cabeza.
-¡No!-se pone de pie- No...no le eches la culpa al dinero,¡tú no quieres vivir!-coge el mango de su maleta.
-¡Esta bien!-estoy a su altura-¡Vete! ¡Huye! No te necesito. -me acerco más a él-Eres un cobarde.
-Si me quisieras decidirías vivir.
-Si me quisieras te quedarías a mi lado.
-Entonces debe ser que no te quiero-todo mi cuerpo se petrifica. si antes creía que me había roto me confundí,ahora si que me he roto.
-Será eso-en sus ojos veo vacío,el mismo que se traslada al centro de mi pecho. Coge su maleta y pega un portazo. En ese momento siento como si todo se cayese sobre mi. Un bloque de hormigón...
...sobre mi espalda.
Odio los portazos porque hacen que lo que tiene grietas se rompa del todo.
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